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18 de octubre de 2012

El Reparo

Ahí estaba, cómodo en su sillón  tratando de pasar de un canal a otro.. no podía.
Su cuerpo esperaba algún estimulo neuronal que lo ponga en marcha, pero el seguía.. no podía.
El sillón lo abrazaba mas que nadie, el cuero ya había cambiado su temperatura por el, pero él en cambio, no podía.
El leño a pocos centímetros lo obligaban a no quedarse dormido, hoy el sillón estaba mas cerca que de costumbre. El sueño lo atormentaba, sus parpados parecían estar atados a los tirantes de la cabaña, y aunque las entrañas le rasgaban la cabeza, el seguía sin poder moverse.
El perfil no era el mejor, sus pies, calzados, recreaban a un niño ansioso esperando el regalo de cumpleaños, el exceso del dobladillo de su jean claro le descubría unas medias poco masculinas, era inevitable ver sus pies, no podían parar de dibujar garabatos en el aire.
Como a un científico desquiciado en la que su teoría asintótica tiene como limite la practica, a este pobre joven las correas se le revelaban contra su encéfalo.
Los estímulos exteriores rebotaban a la distancia contra el, cualquiera que estuviera al lado le dolería no apoyarle una mano en el hombro y preguntarle no esperando palabras, sino una mirada al menos.

"Es una sensación inocua a mi piel, pero eso lo potencia y así corrompe todo mi sistema. A veces trato de transmitir ese anhelo empujando con una fuerza abstracta, pero me doy por vencido cuando recibo la frivolidad ajena.
Digo "frivolidad", pero no en todo su significado, la realidad me lleva a potenciar toda actitud ofensiva, y me vuelve aún, mas vulnerable de lo normal.
Pero no quiero levantar un pesado escudo, me costaría mucho mas,
prefiero aprender a sacar de sus manos esa lanza, 
pulida con la transparencia de mi materia prima.

La indiferencia es en mí, mi gran enemigo.
Y como el mejor oportunista de izquierda, me devuelve

solamente la decepción. 
Se potencia su habla al ser ciega y sorda, me habla 
casi esquizofrenicamente, me torturan sus palabras,
me hacen sentir tanto que desbordan los sentimientos
de vitalidad, llegado al punto de estremecer una única señal
con el mundo, tan fuerte, tan prejuzgada y tan poco valorada
como lo es una lagrima.
Pero así es que la entiendo, porque a las cosas cuando

no le encuentro puntos de inflexión, solamente las entiendo.
Y no es por caridad ni por principios, pero el natural
no me permite pagar con la misma moneda, y así solo
levanto mi escudo, desarmado, aunque trate no logro esquivar esa lanza"

La cabaña era el paraíso de un ermitaño, cuatro paredes de madera autóctona  se podía sentir el olor al barniz debido a la poca tacañez del hombre. Cada pared describían sus salidas de emergencia, en un costado, mas cerca de la puerta, una mesa con papeles en blanco y un lápiz 4B, que le obligaban a desvariar realizando bocetos de formas, sin formas. En frente, un sillón de espalda, que apuntaba a un televisor de tubo, pesado y obsoleto. En realidad el único uso que le encontraba a ese cacharro era encenderlo para invadir el silencio con un pitido agudo procedente de alguna bobina desgastada, no solía mirarla.. no podía hacerlo.
Del otro costado esperaba una cama abierta con frazadas de refuerzo en los pies, cerca de ella la tecla de luz que le permitiese el doble de comodidad.
Allí nadie lo despierta, y una vez ahí, su cuerpo automatizado busca refugio. Se encierra en un bucle del que solo "algo o alguien" puede sacarlo, pero el sabe que no habrá caridad, entonces quiere correr hacia la puerta a buscar su remedio.. sucio de desesperación, de ira consigo mismo, pero es inútil.
Nunca va a caer en su mirada, su maquinaria interna procesa sobrecargada quitandole vida al cuerpo, y aunque cuente con la destreza para romper esa lanza y desarmarse a el y a su enemigo, no podrá nunca con su natural, el no poder llevarlo a la realidad.
Por todo eso es que vivirá en su cabaña hasta despertar.

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